domingo, 17 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (V)
 


“En la guerra pierden todos”... Bueno, hasta que te haces mayor y comprendes que siempre hay alguien que gana algo, porque de lo contrario no habría guerras. Pero recuerdo que aquella noche, como unas cuantas ya que llevaba, yo estaba rendido pero confortado: días antes había oído en la onda media a los Beatles por primera vez -hijos de otra guerra, eso lo supe luego-, y en aquel trance mi conciencia, de repente, se había ido de casa, de la ciudad, del país, del mundo. Y al menos, -pensé, queriendo justificarme, supongo- ahora hay comida suficiente, la gente ya no se vuelve loca por culpa del hambre, ya no fusilan a nadie contra la tapia del cementerio… Deduje que ya podía idolatrar el sonido de aquellos Beatles o de quien fuese sin sentir un excesivo remordimiento por mi frivolidad, por los pesares de todos los que hubiesen vivido aquel horror. 

Then the chicken-fancier came to pla-ay-ay 
with his long red beard and his sister’s weird: 
she drives a lorry...

Así que el hermano de Antonio ha leído la cosa esa de JB. Su hermano mayor. Otro que tal. 

No nos conviene hacernos mayores; no de momento, o no aquí. Es lo único que puede sacarse en limpio del discurso farfullado de don Armando, el abuelo de Basilio. Llevan el “Sport” desde que murió el padre y Basilio tuvo que plantar los estudios para no cerrarlo, no hace mucho. De su madre nunca supimos nada: Basilio y el abuelo son toda la familia. El “Sport” es su casa y una de las nuestras: si no fuese por ese tonto embeleso de ver juntos seis futbolines, tres mesas de billar y otras tres de ping-pong, la máquina de discos con su sonido atronador... si no fuese por todo eso, tal vez no deberíamos frecuentarlo tanto (y nuestra rutina ya se compone de demasiados “no deberíamos”: nunca llegaremos a nada). Pero bueno, también venimos por ver a Basilio, y por oír un rato a su abuelo. De su padre ya casi no recordamos ni la figura: era un ser anodino, sin carácter ni hazañas dignas de ser recordadas… Un cáncer, creo. Fumaba como un descosido. 

El caso es que Basilio, con la misma edad que nosotros, ya es quien manda en el “Sport”. Casi todo el día está allí, controlando: él controla y el abuelo lleva las cuentas. A veces sale un rato y nos invita a algo, porque dinero siempre tiene. No habla mucho. Nunca habló mucho, siempre anduvo a su aire, desde pequeño. Cuando iba al colegio solía llegar medio dormido y con los deberes sin hacer. Nunca supimos mucho de él, ni él quiso que supiésemos. Pero eso sí, la máquina de discos del “Sport” va a medias, ya se deja recomendar por nosotros: el “Spirit in the sky” es cosa nuestra. 




viernes, 15 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (IV)

 

… Pero me sonrío hacia adentro, para que no se den cuenta el abuelo y el hermano mayor, que probablemente me reñirían por no mostrar el respeto debido a la sacrosanta institución que ellos adoran; por no respetar nada, por ser un descreído. Señoras decimonónicas con barba… 

And a bearded lady said to me-e-e
If you start your raving, and your misbehaving, 
you’ll be sorry 

La verdad es que a mí me miran, si es que me miran, como a un peso muerto. Mi hermano me lleva dos años, pero parece que fueran veinte; él se llama Alejandro, yo José Luis; él ya tiene barba, yo patillas de pelusa; él sabe historia y teoría, yo sólo conozco nombres. El abuelo lo intentó también conmigo, hace algún tiempo, hasta que papá tomó cartas en el asunto y le paró los pies: para iluminados, en esta familia nos llega contigo y con Alejandro; así que deja a José Luis tranquilo, que ya nos tiene contentos con lo que estudia para que encima vengas tú y lo atontes más aún. Mamá había echado una mirada afirmativa hacia papá y otra de blanda conmiseración hacia mí antes de levantarse a cambiar los platos y traer la fruta. Y la verdad es que me hicieron un favor: no sabía cómo explicarle al abuelo que lo sentía mucho pero que lo mío era la música eléctrica, la música extranjera, y que lo suyo seguramente estaba muy bien pero que yo no daba para tanto. Pobre viejo. Un día acabé por decírselo, y desde entonces pensó de mí lo mismo que yo de él: que no estaba en este mundo. 

¿Veinticinco años de paz..? ¡Veinticinco años de mierda! 

Mi padre callaba siempre que podía, según su estimación sobre la gravedad de la chifladura que el abuelo hubiese proferido. Aquella noche había callado. Yo era muy niño, pero lo recuerdo vivamente: Radio Nacional de España anunciaba para el día siguiente las bodas de plata de una paz sin valor alguno para nadie, salvo para los vencedores de una guerra al parecer inconclusa, mientras mi hermano y yo apurábamos la taza interminable de leche y cacao antes de irnos a la cama. Pero ya llevaban unos días dando la matraca con el asunto, e incluso había carteles por las calles, y anuncios en los autobuses, y… yo aún no tenía edad para entender que una cosa es la paz y otra muy distinta la victoria. 

- ¿Ya hace veinticinco años de la guerra, mamá? 
- Sí. Pero eso no es cosa vuestra. Dormíos pronto, venga. 
- ¿Y por qué está enfadado el abuelo? 
- El abuelo ya sabéis que es un poco raro y tiene sus cosas. Ya se le pasará. 
- El abuelo es de los que perdieron, ¿verdad? 
- En las guerras pierden todos, Alejandro. Venga, a dormir. 




martes, 12 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (III)

 

Gracias a esta clarividencia descarnada parece que nos adaptamos a lo real con mayor elasticidad que nuestros predecesores, y ya sabemos cabrear al hermano mayor, al más próximo, señalando con el dedo a su querido Carlitos Marx agarrado del brazo de Groucho, Chico y Harpo (ese dibujo, publicado en la única revista posible, anda por las paredes de cuarenta sitios). Porque... aún no, hermano mayor, aún no lo entiendo del todo. Pero sé que no te gusta la burla: tú eres un idólatra, como el abuelo; y oye, puede que yo también lo acabe siendo, pero no es lo mismo. Tú, hermano mayor, ya eres como ellos, ya eres de sacristías, ya no sabes llevar una broma; y yo ya sé detestar la farfolla de muchas figuras vuestras, de vuestros mesías, no tan distintos de los que odiáis. Nunca entenderé esa parálisis gestual que os entra cuando son nombrados, cuando alguno de vuestros chamanes invoca nombre sagrado con una seriedad de cojones, la misma que usan “los otros” con los suyos. 

Y bueno, reconozco que os queda muy bien ese aura cosmética de catacumba cristiana que os gastáis, tan a juego con la ciudad, cuchicheando entre vosotros por las calles o en los bares que se muere, coño, que le queda poco, mirando a todas partes por si algún chivato. Ah, y un amigo vuestro o dos ya están fichados, fíjate tú, me lo dices, me lo cuentas, me lo anuncias, me lo proclamas con esa sucia suficiencia de iniciado, y no tienes ni puta idea de quiénes son Jethro Tull. 

Walked down by the bathing pond to try and catch some su-u-un 
Saw at least a hundred schoolgirls sobbing into handkerchiefs as o-o-ne 
I don’t believe they knew I was a schoolboy 

Papá y mamá ya tiemblan ante la perspectiva que se les presenta dentro de unos meses, en cuanto escapes a Santiago, a la Universidad, con el peligro que dicen ellos que tienes. También dicen que mucha culpa es del abuelo, que te ha estado calentando la cabeza desde niño con la República, Largo Caballero (por lo vistoso del nombre, supongo), Lenin, Stalin, Trotsky... y por qué la mitad de los perros de nuestra España –bueno, nuestra o de Franco- se llaman Trotsky sin que les pase nada a sus dueños... Pero algo tendrá que ver papá con su afición por la onda corta, aunque no tenga la culpa, aunque yo también se lo agradezca sin decir nada: moderado, equidistante, se cita con todas esas galaxias tan lejanas entre sí como la idílica Radio Andorra y la incendiaria Pirenaica, o las dolidas verificaciones de Radio París o la BBC (recuerdo, de muy pequeño, que esos nombres y sus contenidos, anunciados en sánscrito, no me habrían parecido más absurdos que en el aseado español que usaban). Es cierto que en ninguna se demora mucho, anda siempre a la caza de versiones distintas sobre cualquier noticia omitida o deformada en la onda media por la falaz propaganda de las emisoras nacionales, que a las horas del Parte son una sola en todos los sentidos. Pero ya digo, te alienta -os alienta- sin quererlo, aunque de la Pirenaica salte rápidamente a la BBC cuando sabe que va a sonar la Internacional, ante el sordo cabreo del abuelo y su nieto preferido: debe de ser una pieza diabólica, me sonrío yo, que no he llegado a oír más de unos cuantos compases aún… 




domingo, 10 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (II)

 

… Y cuando llega la noche yo tengo mi particular osito de peluche a la hora de dormir, cada uno tiene el suyo. “Cada” es una palabra sombría, pero a veces necesaria: cada uno en su casa y Dios en la de todos, como dicen los viejos. 

As I did walk by Hampstead Fair-ir-ir 
I came upon Mother Goose, so I turned her loose 
She was screaming...

Todas las noches apago la luz después de colocar mi cassette Philips de cinco mil pesetas bajo la almohada para amortiguar el ruido del motor, que a esa hora casi siempre se sobrepone al volumen necesariamente bajo (no he de incomodar el sueño de mi eximio hermano) con el que escucho la misma cinta desde hace días, desde que Ginés me la pasó en plan victorioso, en plan “esto no lo publican aquí en la puta vida, chaval”. Creo que estuve oyendo la misma canción seis o siete veces hasta que me dormí: me prendió Mamá Oca, que camina envuelta en la misma bruma que trae al Mendigo, a Mary la Bizca, la Vuelta del Día Barato, esa bruma que entra por el mirador del parque, esa bruma, ansia de bruma, de no saber dónde. ¿Es lo mismo bruma que niebla? Paseando por esa duda supongo que me quedé dormido. 

And a foreign student said to me-e-e, 
Was it really true, there are elephants’n’lions too 
in Picadilly Circus? 

 “Aunque aparezca en los mapas, esta ciudad levita”. No es mal saludo, teniendo en cuenta que son las nueve y cuarto de la mañana, que no lo entiendo y que Senén surge a traición, nada más sentarme, trayendo la copa de ginebra, el desayuno habitual de Toñín y mío por semana: siempre nos mira mal, entre desaprobador y cómplice. Porque si otros tienen estufa de leña, calor de hogar, nosotros más; y en el Agena puedes fingir que vives de noche como otros viven de día: prodigios de los claroscuros, de la iluminación tradicional, y tal. Toñín ha oído lo de la levitación a su hermano, que está leyendo un libro titulado “La huída de JB”, o algo así. “JB es un whisky”, documento yo, y luego doy un trago a mi ginebra. En algún momento de la conversación, como siempre y sea cual sea el tipo de conversación, tanto él como yo quedamos absortos, con la vista fija en la máquina de discos: quizá entre “5:15” y “Water”, o puede que andemos por “Virginia plain”. Y bueno, reconoceremos que hay momentos de remordimiento, de culpa: deberíamos estar ahora en clase, deberíamos haber desayunado correctamente, deberíamos… Pero nosotros, nosotros dos, nosotros cuatro, nosotros diez, también, estamos seguros, deberíamos haber nacido en otro sitio, y nos jodemos. Pues ya está. Venga esa copa.